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Sentir La Habana Vieja

La Habana Vieja es uno de esos lugares que quedan siempre en la memoria. Recorrerla en toda su extensión bien pudiera ser un reto para quienes la visitan o simplemente la contemplan desde uno de sus balcones. En esta parte tan antigua se respira la historia de una villa que, fundada en 1519 bajo la sombra de una legendaria ceiba, le otorga a su existencia el privilegio de haber vivido con intensidad.

 

San Cristóbal de La Habana en cada aniversario


 A la caída de la tarde de cada 15 de noviembre, cientos de habaneros y visitantes de otras latitudes comienzan su andar hacia El Templete –ubicado frente a la Plaza de Armas- para cumplir el ritual de rondar en silencio tres veces la mítica ceiba, y, abrazados a ella, pedir igual cantidad de deseos a San Cristóbal, santo patrón de La Habana. Allí, el Dr. Eusebio Leal Spengler dedicará unas palabras a la ciudad, al tiempo que evocará el acto fundacional del 16 de noviembre de 1519 cuando, en ese mismo escenario, también a la sombra de un árbol, se celebraron la primera misa y el primer cabildo.

Ha llegado La Habana a un nuevo aniversario. Como ya es tradicional, la ceremonia se iniciará desde el Museo de la Ciudad, antiguo Palacio de los Capitanes Generales. La peregrinación estará encabezada por el propio Historiador de la Ciudad y niños del proyecto Aulas-Museos del Centro Histórico, quienes trasladarán las mazas del Cabildo hasta el monumento neoclásico que, erigido en 1828, dialoga perennemente con el árbol más venerado de Cuba.

Primero aldea, luego villa y más tarde ciudad, la saltarina urbe se asentó inicialmente en el sur, cercana a la zona del Surgidero de Batabanó, y posteriormente sus pobladores se movieron en busca de mejores terrenos. En ese sentido se habla de establecimientos en el área de Puentes Grandes, en la desembocadura del río Almendáriz (actual Almendares), hasta su ubicación definitiva en 1519, muy cerca de la bahía.

Aunque hoy no es un paraíso, el sitio donde en tiempos pasados gobernó el cacique Habaguanex apuesta por su revitalización continua, y en esa aventura de renovación intervienen resueltamente sus moradores -actores y beneficiarios de un amplio y diverso proyecto sociocultural-, quienes aspiran a mantenerla siempre como un espacio vivo que cautiva a todo el que recorre sus plazas, parques y atractivos entornos, con edificaciones donde se mezclan de manera armoniosa estilos, épocas, tradiciones culturales… todo un vasto y atrayente patrimonio de enorme valor.

“Para esta ciudad -con nombre de mujer- no habrá muerte ni olvido. Y es que en ella habita la poesía, la promesa de eternidad que le dio sentido a todas y cada una de las generaciones que fueron moldeando sus espacios urbanos, sus monumentos, sus calles”, auguró Leal hace un tiempo, con motivo de un aniversario de la añeja urbe, que ha acogido cuantiosos actos heroicos y es cuna de innumerables celebridades.

La ciudad de las columnas, como la bautizara Alejo Carpentier, hoy atrapa, seduce y es motivo de inspiración de poetas, cantores, escritores… Cada 16 de noviembre, cuando La Habana luce oronda su corona de laurel al cumplir años, los lugareños, en merecida fiesta, repiten el pegajoso estribillo de la popular tonada compuesta por uno de sus tantos enamorados, el trovador Gerardo Alfonso: Habana, mi gran Habana / Costumbre de darle una vuelta a la ceiba de noche / Y fiestas en casas de barrios modernos y pobres / de gente noble…


Por Teresa de Jesús Torres Espinosa. Dirección de Patrimonio de la OHC