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Patrimonio de la Humanidad

 

Aires de renovación en el Centro Histórico habanero

 

A más de 490 años de su nacimiento, La Habana Vieja respira los aires de la renovación para dejarse admirar por todo el extasiado ante la maravilla preservada. Sitio de habitual concurrencia de forasteros y peregrinos, la parte más antigua se niega a la contemplación estática e invita a transitarla tal como lo es hoy, una ciudad en movimiento que bebe de la génesis e historia de su núcleo primigenio.

 

Salvar su Centro Histórico se ha convertido en el principal propósito de la Oficina del Historiador, institución que desde sus inicios en 1938 ha proclamado la defensa y salvaguarda del patrimonio nacional. Varios han sido los empeños que en torno a la ciudad vieja se realizaron por las diferentes instituciones y organismos interesados en la restauración, hasta que hallaron merecida recompensa cuando el 14 de diciembre de 1982, a consideración de sus notables valores, la UNESCO inscribió con el número 27 al Centro Histórico de La Habana Vieja y su sistema de fortificaciones coloniales en el listado de Patrimonios de la Humanidad.

 

Años después, la proclamación del territorio como Zona Priorizada para la Conservación marcó un cambio en las proyecciones de la Oficina. A la visión sociocultural de la recuperación se sumó una visión económica, bajo criterios de rentabilidad que hicieron el proceso autofinanciado y sostenible. El nuevo modelo de gestión ponderó la salvaguarda de la identidad a partir de la investigación, promoción e impulso de la cultura, la protección del patrimonio heredado, la labor de asistencia social para sectores vulnerables (niños y ancianos), el desarrollo del turismo, la solución de los problemas habitacionales, entre otras políticas.

 

Al renacer de cientos de edificaciones se sumó el surgimiento de museos y centros culturales, la construcción de significativas obras sociales como el Hogar Materno Leonor Pérez, el Centro Geriátrico Santiago Ramón y Cajal y el Centro para la Rehabilitación de la Edad Pediátrica Senén Casas; la reanimación del barrio San Isidro, la aparición de nuevos empleos para los habitantes del  territorio y la creación de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos, que da continuidad a los oficios de la restauración.

 

Historiadores, museólogos, arquitectos, urbanistas, sociólogos, psicólogos, comunicadores, entre otros especialistas, se unieron en esta gestión integral que garantiza la recuperación edilicia y social del centro histórico habanero. Entre las principales premisas de la actual estrategia aparece la vinculación de la comunidad con el legado patrimonial, a partir de un proyecto que bebe del origen y ritmo de crecimiento de la ciudad.  El propósito es recuperar una zona vital, coherente con el entorno físico de las edificaciones, plazas, parques y hasta con esencias menos palpables que, desde un fuerte componente de universalidad, perfilan los rasgos identificadores de la nacionalidad cubana.

 

En el centro histórico habanero conviven hoy en perfecta armonía la restauración arquitectónica con las funciones museológica, sociocultural y turística. Más de cuarenta museos y centros culturales, liderados por el Museo de la Ciudad, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, propician el acercamiento de los visitantes a temáticas de carácter etnográfico, tradicional e histórico, a la vez que se erigen protagonistas de la dinámica cultural de la zona. Convertida en un uno de los polos de mayor atracción dentro del panorama cultural citadino, la parte más antigua de la ciudad es escenario de conciertos, exposiciones, talleres, peñas literarias, presentaciones danzarias y teatrales, festivales, encuentros bienales, entre otras propuestas dirigidas no solo a grupos vulnerables de la comunidad como niños y ancianos, sino también a sectores cada vez más amplios de la sociedad. 

 

Acciones de difusión y educación caracterizan la proyección sociocultural del Centro Histórico, laboratorio social que promueve experiencias como la de las aulas museos y el programa de verano Rutas y Andares para Descubrir en Familia.  La primera, nacida por puro azar dentro del proceso de restauración en el año 1995, resalta por la vinculación permanente de los niños con el patrimonio; y la segunda, surgida en el año 2001, pretende acercar a la familia tanto a los museos, depositarios de parte de la riqueza patrimonial de la zona, como a las realidades prácticas nacidas dentro del proceso de restauración.

 

Manifestaciones y expresiones culturales propias renacen también gracias a la creación de hermandades o gremios de carpinteros, albañiles, zapateros y orfebres de La Habana Vieja, que intentan rescatar las tradiciones manuales y del artesanado habanero. Así, oficios y especialidades diversas conviven en el proyecto integral de rescate de La Habana Vieja, considerado por los expertos como un modelo inédito en la conservación del patrimonio.

 

Por Lilibeth Bermúdez y Katia Cárdenas. Dirección de Patrimonio de la OHC.